María San Gil: “Estamos contra el olvido y contra el silencio”

Hubo un día en María San Gil se preguntó: ¿qué puedo hacer por la sociedad? Y arriesgó. Desde entonces, ha formado parte de la primera línea de la vida política de nuestro país en una de las épocas más complicadas y dolorosas de nuestra historia reciente.

San Gil acudió a la Universidad Villanueva para impartir una sesión sobre víctimas del terrorismo y en la que compartió su testimonio sobre los 20 años en los que vivió en primera persona el terror de la banda terrorista ETA. Pero sobre todo fue una llamada a no olvidar y al deber de los jóvenes de conocer la propia historia . “La sociedad no puede olvidarse del dolor que ha causado (ETA). Luchamos contra el olvido”. Y es que los jóvenes conocen muy poco de la historia de ETA pero “en los años 80 y 90, ETA mataba una media de 90 personas al año. Durante esos años ETA mató de forma despiadada, mataron a 14 compañeros del PP y 11 del PSOE. Vivíamos con el miedo de pensar quien era el siguiente. Pero también vivíamos sintiendo que teníamos un estado de derecho que trabajaba a nuestro favor.”

El asesinato de Ordoñez supuso un antes y un después en su vida. “Gregorio Ordoñez era un político de raza, de esos que hacía lo que creía y creía en lo que hacía. Ser del PP en los años 90 en San Sebastian era ponerte una lacra en la frente y que te amenazaran, te insultaran… pero él tenía claro que, como vasco y español, quería defender la libertad”.  Así llego el 23 de enero de 1995.  Ordoñez se había presentado como alcalde de San Sebastian y las encuestas le daban como ganador, ese día “estábamos comiendo en un bar de san Sebastian de la parte vieja, no teníamos miedo físico porque ETA no mataba políticos, eso era dar un salto cualitativo al atacar directamente la línea de flotación de la democracia. Ese día ETA da un salto y mata de un tiro a Ordoñez”. Desde ese día muchos dejaron de comer de espaldas a la puerta del restaurante y cambiaron sus hábitos, porque desde ese día “los políticos, los periodistas, los jueces estuvimos en la diana de la banda terrorista”. San Gil tuvo un shock postraumático, un trauma del que le costó meses recuperarse. “Al final de todo se sale, el disgusto y la pena desparece, pero haces vida normal.”

Aquel suceso provocó que muchos, por deber moral y por cariño a Gregorio, “diéramos el paso de entrar en política porque entendíamos que había sido asesinado por defender un proyecto en el que muchos creíamos, y no queríamos dejar ganar a ETA socializando el terror. “

Durante los primeros años de democracia, con los gobiernos de Adolfo Suárez, Leopoldo Calvo Sotelo y Felipe González,  no se acertó con el tema del terrorismo, no conseguían dar con la clave de cómo acabar con él. “Se intentó todo: las Conversaciones de Argel, la guerra sucia desde gobierno de Felipe González, negociar con ellos… también vivíamos en una democracia muy reciente, muy endeble y tambaleante, y la existencia de ETA no hacía más que mover esos cimientos del estado de derecho que no estaban todavía muy asentados.”  Durante la etapa de José María Aznar se crearon las primeras políticas antiterroristas y de protección a las víctimas, de pactos entre partidos y la ilegalización del entonces Batasuna,  acorralando así al brazo político de ETA.

A partir de 2004, con el cambio de gobierno, se inicia “el mal llamado proceso de paz, que es la negociación con la banda terrorista. Esto vuelve a dar oxígeno a la banda, vuelven a sentirse fuertes, vuelven a las instituciones, infraestructura y se fortalece como partido político”.

En 20 años la sociedad vasca ha cambiado muchísimo, y según San Gil quienes hoy hablan de las víctimas del terrorismo, son acusados de no querer olvidar ni pasar página, pero “entendemos que tenemos el deber moral de recordarles y porque este no el fin de ETA que queríamos, porque nos parece que lo que no puede ser, es que la sociedad olvide el dolor y el daño que se ha causado. Estamos contra el olvido y contra el silencio”.

Universidad Villanueva
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