20 Mar 2026 Villanueva vive una jornada única con Salto de Fest
La Universidad Villanueva celebró la primera edición de Salto de Fest, una jornada pensada para ir más allá del formato habitual de un evento universitario y convertirse en una verdadera experiencia de reflexión, encuentro y celebración. A lo largo del día, alumnos, profesores e invitados compartieron un itinerario marcado por las grandes preguntas sobre la vida, la vocación, la libertad, el amor, la verdad y la confianza, en un ambiente en el que convivieron el pensamiento, el testimonio personal, la música y la alegría de estar juntos.
Lejos de ser solo una sucesión de actividades, Salto de Fest se planteó como una invitación a detenerse, mirar hacia dentro y preguntarse con sinceridad quién es cada uno, qué desea de verdad y hacia dónde quiere orientar su vida. Desde el inicio, el tono del evento quedó marcado por una idea de fondo: no vivir de forma automática, sino con conciencia, profundidad y apertura a una llamada personal.
La jornada comenzó con la charla vocacional de Don José, capellán de la Universidad Villanueva, que ofreció una intervención profundamente humana y espiritual sobre la verdad, la libertad y la vocación. A través de imágenes cercanas y sugerentes —como la metáfora de la estrella de los Reyes Magos como símbolo del deseo que orienta la vida—, planteó que toda persona necesita una dirección, un sentido y una llamada que dé unidad a su historia.
Durante su intervención, subrayó que todos tenemos un talento, una herida, una historia y una capacidad de entrega que forman parte de lo que estamos llamados a ser. Las heridas, explicó, no tienen por qué suponer una frustración de la vocación, sino que también pueden transformarse en parte del camino, en experiencia, aprendizaje y hasta en gloria cuando una persona descubre que, a pesar de todo, “ha valido la pena”. La libertad fue presentada no como mera espontaneidad, sino como la capacidad de crear, de construir belleza y de poner la propia vida al servicio de otros.
Uno de los momentos más significativos de esta apertura llegó con su reflexión sobre la fe como horizonte que sostiene la vocación incluso en medio de la fragilidad humana. “Dios es antes de la verdad porque Él es la verdad”, afirmó, en una intervención en la que insistió también en la importancia de la fiabilidad, la fidelidad y la capacidad de prometer. Más adelante, resumió con claridad el sentido último de la jornada al señalar que “con la fe le puedes dar sentido a lo bueno y a lo malo”. De este modo, Salto de Fest arrancó no solo como una propuesta cultural, sino como una experiencia orientada a recuperar la confianza y a vencer aquello que más limita la libertad: el miedo, la confusión y las adicciones que empequeñecen la vida.
Tras esta primera charla, comenzaron las mesas redondas, pensadas precisamente para aterrizar esas grandes preguntas en testimonios concretos y reales. La primera de ellas, “Crear belleza para ponerla al servicio de otros”, estuvo moderada por Ernesto Villar, director del Grado en Comunicación de la Universidad Villanueva, y reunió a distintos perfiles del mundo artístico, cultural y social.
En esta conversación participaron, Javier Ojanguren (Besmaya), Fabio McNamara, Mai Der y Javier Cascón, en una mesa que dejó momentos especialmente valiosos por la honestidad de los testimonios y por la profundidad de los temas abordados. A lo largo del diálogo aparecieron cuestiones como la gratitud, el sentido del arte, la necesidad de comprometerse con algo verdadero, el peligro de la superficialidad y el deseo de vivir de una manera más auténtica.

Uno de los grandes aciertos de esta primera mesa fue precisamente mostrar que la belleza no es algo decorativo o superficial, sino una forma de servicio. Desde diferentes trayectorias y sensibilidades, los ponentes coincidieron en que el talento tiene valor cuando se entrega, cuando consuela, cuando acompaña y cuando ayuda a otros a mirar la realidad con más verdad. En este sentido, resultó especialmente significativa la idea de que el arte también puede convertirse en refugio, consuelo y búsqueda de sentido.
La conversación dejó, además, reflexiones muy potentes sobre el papel de Dios, la conversión y la necesidad de silencio en una época marcada por la sobreestimulación. Javier Cascón habló de la importancia de la interioridad y del silencio como camino para escuchar la llamada profunda de la vida, mientras que Fabio McNamara compartió un testimonio de conversión especialmente impactante. “Dios te da sabiduría e iluminación”, afirmó, antes de recordar cómo en la enfermedad y la soledad descubrió una presencia distinta y una forma nueva de esperanza.
También tuvo fuerza la intervención de Besmaya, al explicar que, aunque no busquen ser encasillados, se siente orgulloso de que una canción pueda dar paz a quien la escucha e incluso acercar a Dios a personas que no se consideran creyentes. Fue una mesa especialmente rica porque no ofreció discursos abstractos, sino experiencias vividas, atravesadas por búsquedas reales, dudas, límites, decisiones y gratitud.
Por la tarde, el evento continuó con una segunda mesa redonda: “Lanzarse a seguir una llamada”, centrada en la vocación como camino concreto, vivido en medio de la realidad diaria. En ella participaron perfiles muy distintos — Javier Peño, María Vidal, Luisfer Martínez y Marta y su Manolo, — que permitieron mostrar que la llamada no se encarna de una sola manera, sino que adopta formas diversas según la historia y la realidad de cada persona.

Fue, probablemente, una de las conversaciones más humanas y cercanas de toda la jornada, porque aterrizó la idea de vocación en lo cotidiano: en el caos de una familia, en la entrega misionera, en la intimidad de la vida espiritual, en las dudas, en el vértigo y en la necesidad de decidir sin tenerlo todo asegurado. Lejos de idealizar ninguna forma de vida, los participantes hablaron con realismo del sacrificio, del miedo, del cansancio y también de la alegría que nace cuando una persona siente que está donde tiene que estar.
Entre las ideas más significativas de esta mesa destacó la defensa de una vocación vivida con paz, autenticidad y verdad. Se repitió varias veces que las grandes decisiones no eliminan el miedo, pero sí dan una dirección. De hecho, una de las respuestas más repetidas por los ponentes ante la pregunta de cómo luchar contra él fue precisamente esta: hacerlo con miedo. No esperar a que desaparezca toda inseguridad, sino aprender a caminar con ella cuando lo que está en juego merece la pena.
También resultó especialmente profunda la insistencia en que la vocación no consiste solo en descubrir “qué hacer”, sino en comprender quién soy, para quién soy y por qué merece la pena entregar la vida. Una de las conclusiones más bellas de la mesa fue precisamente esa idea de que “tu vida no tiene un destino, tiene destinatarios”, una frase que condensó muy bien el espíritu del encuentro y el enfoque profundamente relacional de toda la jornada.

En esta segunda conversación hubo también espacio para reflexiones de gran hondura espiritual. Javier Peño recordó que “intentar explicar las cosas sin Dios es un error”, y defendió que la verdad, aunque a veces duela, es siempre salvadora. María Vidal, por su parte, subrayó la importancia de la paz como criterio para reconocer la llamada personal, mientras que Marta y su Manolo compartió una visión realista y luminosa de la vida familiar como lugar de entrega, unidad y crecimiento.
Más allá del contenido de cada una de las mesas, Salto de Fest tuvo un impacto muy positivo en Villanueva por el tipo de conversación que consiguió abrir dentro de la universidad. No fue un evento pensado solo para entretener, sino para provocar preguntas verdaderas y generar un espacio en el que los alumnos pudieran escuchar testimonios sinceros, formular sus propias inquietudes y sentirse interpelados en cuestiones que rara vez encuentran tiempo y lugar en medio del ritmo académico cotidiano.
Ese fue, precisamente, uno de los grandes valores del evento: haber convertido durante unas horas el campus en un lugar donde se pudo hablar con naturalidad de vocación, de fe, de belleza, de miedo, de amor, de compromiso y de Dios. En un contexto universitario muchas veces acelerado, Salto de Fest propuso otra forma de estar: más reflexiva, más libre y más atenta a aquello que verdaderamente importa.

El itinerario del día fue construyéndose así como un recorrido coherente: una apertura de introspección sobre verdad, libertad y vocación; una primera mesa dedicada a la creación de belleza y su servicio a los demás; una segunda conversación sobre el valor de responder a una llamada concreta en la vida; y, finalmente, un cierre festivo y compartido que dio continuidad al espíritu de toda la jornada.

Porque, después de las preguntas, las historias y las reflexiones, Salto de Fest terminó con un concierto, en el que Ters, Mbongo y Delarocha cerraron una experiencia que quiso unir profundidad y celebración. Así, la Universidad Villanueva volvió a demostrar su apuesta por una formación que no se limita a lo académico, sino que busca acompañar a los alumnos también en las preguntas decisivas de su vida.