21 May 2026 “Nunca dejó de buscar aquello que hacía más libre al ser humano”: Guadalupe Arbona recuerda a José Jiménez Lozano
La catedrática de Literatura Española y escritora Guadalupe Arbona protagonizó uno de los encuentros del nuevo foro impulsado por la revista cultural, centrado en la figura y la obra de José Jiménez Lozano. Durante la conversación, Arbona trazó un recorrido íntimo y literario por la vida del autor castellano, al que definió como “una voz libre en la cultura española” y un “buscador incansable de la verdad y de la condición humana”.
Autora del ensayo José Jiménez Lozano: una voz libre en la cultura española, Arbona es además una de las principales guardianas del legado del escritor y responsable de la conservación y difusión de su obra a través de su archivo y página web. Su intervención puso el foco no solo en la dimensión literaria de Jiménez Lozano, sino también en la huella humana que dejó entre quienes lo conocieron.
“Para mí fue un maestro”
Arbona recordó cómo se produjo su primer encuentro con el escritor, cuando él tenía ya 74 años. Confesó que durante mucho tiempo había mantenido una imagen parcial de su figura, condicionada por ciertas etiquetas que lo reducían a la idea de “escritor de pueblo” y lo situaban a la sombra de Miguel Delibes. Sin embargo, la lectura de algunos de sus cuentos cambió por completo esa percepción.
“Me parecieron deslumbrantes”, señaló. Aquel descubrimiento dio paso a una conversación de más de cinco horas entre ambos, marcada por las afinidades literarias y una conexión intelectual inmediata. De esa relación nació una amistad profunda y también un trabajo compartido en torno a prólogos, textos y reflexiones sobre la literatura.
Para Arbona, Jiménez Lozano fue siempre “un escritor con lectores”, alguien capaz de establecer una relación de intimidad con quien se acercaba a sus páginas. “Era un explorador de la vida, de los rincones y de los ángulos ocultos de las personas”, explicó.
El arte del cuento y una obra inabarcable
Aunque José Jiménez Lozano cultivó todos los géneros literarios, Arbona destacó especialmente su maestría como cuentista. “Yo soy muy aficionada a los cuentos y me sedujo precisamente por ahí”, afirmó. El autor dejó 21 novelas y 13 libros de relatos, una producción extensa y diversa que, según la ensayista, permite múltiples puertas de entrada a su universo literario.
Entre las obras que recomendó para iniciarse en su lectura citó El santo de mayo, ambientado en una Castilla ya desaparecida; La piel de los tomates, de tono más desgarrado; y Un dedo en los labios, un libro construido a partir de retratos femeninos donde las protagonistas revelan, desde el silencio o la palabra, distintas formas de estar en el mundo.
“Cada historia es una perla”, resumió Arbona, subrayando la capacidad del escritor para iluminar vidas aparentemente pequeñas y convertirlas en materia literaria universal.
Una literatura entendida como don
Uno de los conceptos centrales de la intervención fue “la conciencia de lo recibido”, una idea esencial en la poética de Jiménez Lozano. Según explicó Arbona, el escritor concebía la literatura como un regalo más que como una conquista personal.
“Para mí todo lo recibo”, solía decir el autor, que incluso llegó a expresar que le gustaría eliminar su nombre de las portadas de sus libros. Entendía que las historias y los personajes se presentaban ante él y que su tarea consistía simplemente en darles espacio y palabras para llegar a los demás.
Arbona recordó también una de las metáforas más representativas del escritor: “Escribir es como llevar una vasija muy frágil entre las manos”. Una imagen que resume su concepción de la escritura como un ejercicio de delicadeza y responsabilidad frente a la verdad de las palabras.
En ese sentido, mencionó la novela Libro de visitantes, donde un manuscrito hallado en el monasterio del Sinaí sirve para reflexionar sobre la literatura como hallazgo y transmisión de algo recibido.
La libertad frente a las etiquetas y los totalitarismos
Durante el encuentro, Arbona insistió en la vigencia del pensamiento de Jiménez Lozano para las nuevas generaciones. Lo definió como “un escritor con libertad”, alguien que nunca dejó de buscar aquello que hacía más justo el mundo y más libre al ser humano.
Frente a las simplificaciones y etiquetas, defendía lo que llamaba “los adentros”, aquello profundo e irreductible de cada persona que se despierta en contacto con la realidad y con los otros. Esa mirada, señaló Arbona, lo convirtió en un autor siempre abierto a la sorpresa y a la exploración, nunca en un escritor estático.
La conversación concluyó con una reflexión sobre el lenguaje público actual y la polarización social. Arbona recuperó entonces una advertencia muy presente en la obra del autor castellano: “Los totalitarismos empiezan por el lenguaje, cuando se cambia el sentido de las palabras”. Una idea que, décadas después, sigue resonando con fuerza en el debate contemporáneo.
La relación con Miguel Delibes y la apertura al mundo
La intervención también abordó la estrecha amistad entre José Jiménez Lozano y Miguel Delibes, compañeros en El Norte de Castilla y unidos por una admiración mutua. Arbona destacó el “oído excepcional para la lengua” de Delibes y su capacidad para construir personajes a través de la oralidad.
Sin embargo, apuntó que Jiménez Lozano amplió aún más los horizontes literarios de Castilla al incorporar influencias del norte de Europa y de la tradición nórdica, aportando una profundidad psicológica singular a sus personajes.
Entre las anécdotas evocadas, recordó una contada por una de las hijas de Delibes: Jiménez Lozano llegaba a casa con una bandeja de pasteles y, por puro despiste, terminaba sentándose encima de ellos. Un gesto cotidiano que resume, según Arbona, la cercanía y humanidad de un escritor que hizo de la sencillez una forma de estar en el mundo.