El obispo Erik Varden reflexiona sobre el deseo, la fe y el valor del silencio

En una época marcada por la tecnología, las distracciones constantes y la sobreabundancia de estímulos, el deseo de pensar y de profundizar en aquello que nos preocupa u ocupa parece ser olvidado. Sin embargo, ese anhelo sigue latente, especialmente entre los jóvenes, aunque a menudo se vea eclipsado por tentaciones difíciles de evitar. Frente a este escenario, Erik Varden defendió que todavía es posible parar, hacer silencio y pensar.

Un monje cisterciense en la Universidad Villanueva

Con este mensaje como telón de fondo, Erik Varden (1974) monje cisterciense y obispo católico de la diócesis noruega de Trondheim visitó la Universidad Villanueva para compartir sus reflexiones y presentar su último libro “Heridas que sanan”, recientemente publicado en español por la editorial Encuentro. El autor cuenta también con otros títulos destacados como “La explosión de la soledad” y “Castidad”, en los que aborda algunas de las grandes inquietudes del ser humano contemporáneo.

De la duda a la fe: un camino personal marcado por la búsqueda

Varden fue nombrado obispo en 2019 a petición del Papa, un hecho que supuso salir de la clausura monástica para asumir responsabilidades pastorales. Procedente de una familia luterana y definido durante años como agnóstico, su historia personal está marcada por la duda y la búsqueda constante. Desde niño se interrogó sobre la existencia de Dios, especialmente al enfrentarse al problema del mal tras la Segunda Guerra Mundial.

Un momento decisivo en su vida llegó a los quince años, cuando escuchó la Segunda Sinfonía Resurrección de Gustav Mahler. Aquella experiencia le abrió a la posibilidad de que el mal tuviera un sentido y despertó en él preguntas sobre la trascendencia que lo conducirían, con el tiempo, al catolicismo.

Un encuentro con profesores y académicos

Durante su visita a Villanueva, Varden mantuvo un encuentro con profesores del Core Currículum en un acto presidido y guiado por Ricardo Calleja, profesor de Ética en IESE Business School y amigo personal del obispo. En el seminario, Varden recorrió su trayectoria vital e intelectual, desde su doctorado en Cambridge hasta sus estudios en Roma en el Pontificio Instituto Oriental, así como su proceso de conversión y su ingreso en un monasterio cisterciense en Inglaterra.

Deseo, silencio y trascendencia

El diálogo con los profesores giró en torno a cuestiones centrales como el deseo en la transmisión de la fe hoy y la necesidad de recuperar el silencio interior. Varden explicó que en griego antiguo se distingue entre el deseo entendido como vacío interior y el anhelo como una llamada externa que invita a trascender. En esa tensión se sitúan muchas de las preguntas fundamentales del ser humano.

Heridas, marketing y transmisión de la fe

Con un estilo cercano y original, Varden abordó la complejidad del ser humano y sus heridas, apoyándose incluso en su experiencia como maestro cervecero, oficio que ejerció durante años antes de asumir sus responsabilidades eclesiásticas. Desde ahí estableció paralelismos con el marketing y sus límites. Según explicó, no se trata de preocuparse porque el cristianismo pierda terreno ni de diseñar estrategias comerciales, sino de transmitir la fe de forma inteligente y profunda.

“A mí me gusta mucho la palabra erudición. Si decimos que alguien es un erudito lo imaginamos rodeado de libros, pero el término tiene más que ver con el mundo agrícola, con la siembra y roturar el terreno. Los académicos tenemos que guiar hacia la verdad a través de un proceso que muestre su belleza, que vale la pena. Quizá no prendamos fuego al mundo, pero si logro encender a dos, ya somos tres. Se trata de encender a las personas una a una”.

Reconciliarse con las propias contradicciones

Al referirse a Heridas que sanan, Varden señaló dos tendencias opuestas de nuestro tiempo. Por un lado, una visión edulcorada de la vida que promete felicidad, éxito y bienestar constante. Por otro, una fijación excesiva en las heridas y el dolor. “El cristianismo reconcilia estas dos visiones. Nos reconcilia con nuestras contradicciones. La vida es imperfecta, el ser humano está marcado por el dolor, pero mis heridas no me definen. Son parte de mi historia, pero no me determinan”, afirmó Varden.

Pensar en tiempos de hiperestimulación

La preocupación por los jóvenes y su dificultad para concentrarse fue también protagonista del encuentro. Ante la pregunta de cómo ayudarles a pensar en medio de tantos estímulos, Varden respondió con ironía y claridad: “Les diría que pongan su teléfono en la nevera, que elijan no distraerse. Al principio puede ser costoso, pero tenemos el bonito desafío de mostrarles lo placentero que puede ser pensar. Exponerlos a la claridad y la belleza del pensamiento”.

Universidad Villanueva
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