23 Abr 2026 La escritora que convierte el dolor en literatura: “Escribir es salvarnos de la vida”
Galardonada con el Premio Nacional de Periodismo y el Premio Nacional de las Letras, Rosa Montero se ha consolidado como una de las voces más influyentes de la literatura contemporánea. Traducida a más de 30 idiomas y distinguida con el Premio de la Crítica de Madrid 2024, su obra ha sido reconocida también con diversas menciones de honor. Su carrera comenzó en el periodismo, donde se convirtió en una figura pública habitual en los medios, destacando especialmente en el género de la entrevista.
Del periodismo a la novela
Aunque sus primeros pasos fueron en el ámbito periodístico, como muchos otros profesionales del oficio, terminó adentrándose en la narrativa. La escritura de novelas no fue una decisión consciente, sino una extensión natural de su identidad. Como Rosa Montero sugiere, parafraseando a Augusto Monterroso, “cuando despertó en la vida, la literatura ya estaba ahí”. Obras como “Te trataré como una reina” marcaron el inicio de una trayectoria literaria en la que cada libro ha supuesto un aprendizaje, una transición hacia el siguiente.
El proceso creativo
Para Rosa Montero, escribir no es una elección, sino una experiencia casi inconsciente. Los libros, asegura, “escogen al escritor” y nacen como los sueños, en la oscuridad y sin una dirección clara. Su proceso creativo está marcado por la intuición, un torbellino de ideas que se transforma en historia. Rechaza la idea de escribir para enseñar; su objetivo es descubrir. Considera que la literatura permite dar forma a la memoria y dotar de sentido a la existencia: “Sin libros, la vida sería mucho ruido y oscuridad”.
La literatura y el duelo
Uno de los momentos más decisivos de su carrera llegó con la escritura de “La ridícula idea de no volver a verte”, una obra que surgió tras recibir el encargo de prologar un libro sobre el duelo. A partir de textos de Marie Curie, encontró la distancia necesaria para abordar la muerte de su pareja sin caer en lo estrictamente autobiográfico. La figura de Curie actuó como un espejo en el que proyectar reflexiones universales sobre la vida, la pérdida y el paso del tiempo.
La autora explica que no puede escribir sobre lo inmediato sin intermediarios ficticios. En este caso, el uso de hashtags en la obra le permitió estructurar pensamientos en construcción y evitar repeticiones. El resultado fue un libro menos íntimo que una novela pura, pero más reflexivo, atravesado por la razón y la búsqueda de serenidad.
El duelo y la transformación personal
Lejos de los tópicos, describe el duelo como una experiencia que desestructura la vida conocida. “No te recuperas, porque no vuelves a esa vida”, afirma. En lugar de recuperación, propone la idea de reconstrucción: la vida ofrece la posibilidad de inventar una nueva existencia. En ese proceso, la identidad también cambia. “En una vida hay muchas vidas”, asegura, reconociendo haber atravesado ya varias versiones de sí misma.
Libertad y límites al escribir
Rosa Montero defiende la libertad absoluta en la escritura, incluso al abordar temas sensibles como el duelo, aunque reconoce límites éticos cuando se trata de otras personas. Admite haber omitido ciertos aspectos por respeto, consciente de que la literatura también implica responsabilidad. Para ella, una obra madura exige la “muerte del autor”, es decir, escribir desde la necesidad y no desde el reconocimiento o la ambición.
Tenacidad y vocación
Considera la tenacidad como el verdadero superpoder del escritor. Defiende el esfuerzo constante, “pasito a pasito”, como la única vía para alcanzar lo aparentemente imposible. En este sentido, destaca la figura de Marie Curie como ejemplo de determinación, marcada por una vida de lucha personal y profesional.
El arte como transformación del dolor
La escritora resume su concepción de la literatura con una idea contundente: “El arte es una herida hecha luz”. Para ella, escribir implica transformar el dolor en sentido, convertir las experiencias más difíciles en algo que permita seguir adelante. Sin embargo, advierte que no se puede escribir desde el sufrimiento inmediato: “Llorando se escribe muy mala literatura”. Solo cuando el dolor se ha transformado, puede convertirse en material creativo.
Literatura, memoria y vida
En su relación con la escritura, la autora encuentra una forma de comprender el mundo y de habitarlo. La literatura no solo le permite narrar historias, sino también dialogar con figuras como Marie Curie, explorar la memoria y enfrentarse a las grandes preguntas de la existencia. Para ella, escribir no es solo un oficio, sino una forma de vivir y de resistir.