Kenia 2026, el voluntariado que transforma la mirada y el corazón en los alumnos de la Universidad Villanueva

Este verano, un grupo de doce voluntarios ha vivido una experiencia de cooperación internacional en Kenia que ha dejado una profunda huella personal y comunitaria. Coordinados por Begoña Fornés, responsable de Villanueva Solidaria, estudiantes de la Universidad Villanueva compartieron esta misión con cuatro alumnos de la Universidad de Strathmore. Juntos trabajaron durante varias semanas en proyectos educativos y de rehabilitación de infraestructuras, convencidos de que el verdadero voluntariado consiste tanto en dar como en dejarse transformar.

Trabajo en Kitui: rehabilitar aulas y acompañar a los más jóvenes

La primera parte de la misión transcurrió en la diócesis de Kitui, situada a unas cuatro horas de Nairobi. Desde allí, los voluntarios se desplazaban cada día al colegio de educación primaria San Francisco de Asís, donde desarrollaron dos grandes líneas de actuación: la mejora de las instalaciones y la formación de los alumnos.

Alumnos de Villanueva en Kenia

En el ámbito de las infraestructuras, el equipo participó en la renovación de varias aulas. Se levantaron los antiguos suelos para reconstruirlos, se restauraron paredes, se pintaron las clases y se instalaron nuevas pizarras. El esfuerzo físico fue intenso, pero la implicación de todos los voluntarios y la colaboración del equipo de la Universidad de Strathmore permitieron rehabilitar más espacios de los previstos inicialmente.

Paralelamente, los estudiantes pusieron al servicio de la comunidad los conocimientos adquiridos en sus distintas titulaciones. Los alumnos de Magisterio impartieron clases de refuerzo y compartieron nuevas metodologías de aprendizaje con los profesores y estudiantes del colegio. Desde Psicología se organizaron talleres de educación emocional, autoconocimiento y prevención de drogodependencias, además de sesiones sobre afectividad y sexualidad centradas en la dignidad de la persona y el amor de Dios como fundamento de esa dignidad. Por su parte, las estudiantes de Enfermería ofrecieron atención sanitaria básica tanto a alumnos como a varias familias de la zona.

La acogida que marcó la experiencia

Más allá del trabajo realizado, los voluntarios destacan la cercanía y el cariño recibido por parte de los niños como uno de los recuerdos más imborrables de la misión. Cada mañana les esperaban con abrazos, rodeaban el autobús a su llegada y se despedían con el mismo entusiasmo al finalizar la jornada.

Los bailes con los que comenzaban cada día, después de la misa y de una carrera antes de llegar al colegio, se convirtieron en uno de los momentos más especiales de la convivencia. Esa alegría cotidiana creó un ambiente de confianza en el que los niños y jóvenes se sintieron escuchados, compartieron sus inquietudes y establecieron un vínculo muy cercano con los voluntarios.

Alumnos de Villanueva de voluntariado

Con el paso de los días, todos fueron descubriendo que el voluntariado no consiste únicamente en ofrecer tiempo o conocimientos, sino también en aprender a acompañar. Comprendieron que, en muchas ocasiones, una sonrisa, una conversación o una presencia constante tienen un valor mucho mayor que cualquier solución inmediata.

Kibera: una lección de esperanza en medio de la dificultad

La última semana de la misión llevó al grupo hasta Kibera, el mayor asentamiento informal de África. Allí colaboraron en el colegio de educación secundaria San Juan Pablo II, donde continuaron con las labores de pintura y rehabilitación de las aulas para ofrecer a los estudiantes espacios más adecuados para su aprendizaje.

Además, los voluntarios visitaron varias familias de la parroquia que viven en situaciones de gran vulnerabilidad. Aquellos encuentros les permitieron conocer de cerca realidades marcadas por la escasez de recursos, pero también descubrir la extraordinaria generosidad, hospitalidad y fortaleza con la que muchas personas afrontan su vida cotidiana.

La fe vivida con sencillez por estas comunidades fue una de las enseñanzas más profundas de la experiencia. Los voluntarios comprobaron cómo la certeza de sentirse profundamente amados por Dios se convertía en fuente de esperanza incluso en medio de las mayores dificultades. Una convicción que también había impulsado a muchos de ellos a viajar hasta Kenia: reconocer que todos somos hijos de Dios y, por tanto, hermanos.

Una misión que continúa al regresar a casa

La experiencia permitió comprender que la verdadera riqueza no depende de los bienes materiales, sino de la capacidad de vivir en comunidad, agradecer lo que se tiene y caminar junto a los demás. Los participantes descubrieron que la misión no consiste en cambiar la vida de otras personas, sino en compartir el camino con ellas y dejarse transformar por ese encuentro.

Durante una de las homilías celebradas en Kibera, el sacerdote misionero que acogió al grupo resumió el sentido de la experiencia con una frase que quedó grabada en el corazón de los voluntarios: «Yo estoy aquí porque tú estás». Un mensaje que refleja la importancia de vivir los unos para los otros y de comprender que ninguna vida se construye de manera aislada.

Los participantes regresan a España con la certeza de que el voluntariado no termina cuando concluye el viaje. La misión continúa en la forma de mirar a los demás, de afrontar las responsabilidades cotidianas y de salir al encuentro de quien más lo necesita. Porque, como ellos mismos afirman, el voluntariado no es un destino al que se viaja durante unas semanas, sino una actitud con la que quieren vivir cada día.

Universidad Villanueva
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