«El populismo no es una ideología, es una forma de acceder al poder»: Valls y Zedillo debaten sobre el futuro de la democracia

La Universidad Villanueva acogió el jueves 29 de octubre un diálogo académico sobre la democracia con el ex primer ministro de Francia Manuel Valls, el expresidente de México Ernesto Zedillo y el historiador Enrique Krauze, director de Letras Libres.

La mesa se mantuvo dentro de la actividad académica de la universidad, mientras que la clausura del 25 aniversario de la edición española de la revista quedó aplazada, por respeto al luto oficial tras el accidente ferroviario ocurrido en Toledo, a una fecha pendiente de anunciar.

Una democracia que tiene que dar resultados

Krauze abrió el diálogo preguntando si existe un eco de la República de Weimar en la Europa actual y si la situación apunta a una deriva autoritaria.

Valls respondió con una advertencia: «La democracia no es el final, pero sí el único camino de reconciliación nacional», y sin resultados, añadió, no podrá sostenerse.

A su juicio, la crisis de los partidos tradicionales, en especial de la socialdemocracia y la democracia cristiana, ha abierto un espacio creciente a los extremismos, y la promesa de progreso se ha ido rompiendo, sobre todo desde 2008, por el estancamiento de los ingresos, las dificultades de acceso a la vivienda y la incertidumbre laboral.

A ello sumó la fragmentación digital: las redes, dijo, han destruido en parte «el suelo común».

Y fue tajante sobre el populismo: «El populismo no es una ideología, es una forma de acceder al poder».

Valls advirtió de que «nos jugamos el futuro de Europa, su unidad, la democracia y la libertad», con frentes abiertos como el de Ucrania, y de que el populismo y los extremistas tienen «un espacio libre tremendo» que puede acabar, dijo, no con la democracia, pero sí con «formas de democracia».

Enrique Krauze

Francia, España y el papel del Estado

Sobre Francia, Valls habló de una «crisis de legitimidad» del Estado y advirtió de que eso, para su país, «es muy peligroso», en una sociedad que, dijo, pide mucho al Estado y a la vez lo condena mucho.

En España, comparó, la sociedad espera menos del Estado y piensa más en la familia y la empresa, algo que se ve en la solidaridad que sigue a las tragedias.

Valls atribuyó a la izquierda reformista «la gran responsabilidad» de los últimos 25 años, porque los socialistas europeos no han sabido adaptarse a los cambios, y defendió que una sociedad no puede gobernarse sin un mínimo de diálogo y de confianza.

Como ejemplo de las oportunidades que ofrece Francia, citó su propio caso: hijo de españoles, nacido en Barcelona y nacionalizado francés a los veinte años, llegó a ser diputado y ministro.

Manuel Valls

Zedillo: un Estado fuerte no es un Estado grande

Zedillo defendió que «no puede haber libertad si no hay Estado que garantice esa libertad», aunque «un Estado fuerte no quiere decir un Estado grande y mucho menos opresivo».

Aseguró que la democracia y la libertad económica «han triunfado» y han producido una prosperidad y una paz sin precedentes, y que la crisis actual «no es una crisis de las ideas», sino de que «los sistemas han sido capturados» por quienes no creen en ellas.

De ahí su llamada a pasar de la defensiva a la ofensiva: «Quienes creemos en la democracia y en la libertad económica no debemos estar a la defensiva, deberíamos estar a la ofensiva».

En el plano internacional, alertó de que se está viendo «la demolición de un orden internacional basado en reglas e instituciones», sustituido por uno basado en el poder y la imposición.

Ernesto Zedillo

Concordia para España y para Europa

Ambos invitados dedicaron buena parte del diálogo a España.

«Una España polarizada es una España debilitada», afirmó Zedillo, que insistió en que el país necesita «una gran concordia» para afrontar los grandes desafíos y lamentó que muchos españoles menosprecien lo que la democracia ha logrado.

Valls percibió que la clase política está muy polarizada mientras que la gente aspira a más concordia, que, dijo, implica respetar «esa historia única e increíble que son los 50 años de democracia» y la Constitución.

Defendió además que España vuelva a tener un gran protagonismo internacional: «Falta la voz de España desde hace unos años», y Europa, añadió, necesita una España «totalmente entregada» al proyecto europeo.

Krauze cerró el diálogo con la misma idea: si España recupera la concordia, volvería a tener el lugar de autoridad moral que tuvo durante mucho tiempo.

Universidad Villanueva
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