Cuando el duelo también necesita palabras: el testimonio de Alfonso Izuzquiza

El testimonio de una pérdida y la mirada de la psicóloga Fátima Lorca ponen el foco en cómo afrontar el duelo y romper el silencio en torno al suicidio.

Hablar de suicidio también es hablar de quienes se quedan. Ayer, 9 de septiembre, Alfonso Izuzquiza compartió su experiencia en un encuentro junto a Fátima Lorca, doctora en Psicología y directora del Área de Psicología. Izuzquiza relató cómo afrontó la muerte por suicidio de su mejor amigo Rafa, fallecido el 3 de julio de 2013 en México.

El encuentro, celebrado en vísperas del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, puso el foco en el duelo, la salud mental y la necesidad de romper el silencio que todavía rodea al suicidio. A través del testimonio personal de Alfonso, se abordó también la importancia de acompañar a quienes sufren y de permitir que cada persona afronte la pérdida a su propio ritmo.

Un duelo lleno de preguntas

Fátima Lorca explicó que las personas que pierden a un ser querido por suicidio son conocidas como “supervivientes de suicidio”. Este tipo de duelo puede estar marcado por la necesidad de encontrar respuestas, los sentimientos de culpa, la rabia o incluso síntomas traumáticos.

Preguntas como “¿podría haber hecho algo diferente?” o “¿había señales que no entendí?” pueden aparecer después de la pérdida. Sin embargo, la doctora insistió en que el suicidio es un fenómeno multifactorial y que no puede atribuirse a una única causa o persona. También señaló que, una vez conocido el desenlace, es frecuente pensar que las señales eran más evidentes de lo que realmente fueron.

En el caso de Alfonso, comprender la depresión que sufría Rafa fue un proceso. Aunque sabía que su amigo no estaba bien, reconoce que entonces no tenía las herramientas necesarias para comprender la gravedad de lo que estaba viviendo.

Con el tiempo, Alfonso consiguió cambiar su manera de entender lo ocurrido y dejar atrás parte de la culpa y la rabia que acompañaron los primeros momentos.

“Me creí Superman”

Tras la muerte de Rafa, Alfonso intentó hacerse cargo de todo y proteger a su familia. “Me creí Superman”, reconoció durante el encuentro. Sin embargo, una de las principales lecciones que aprendió fue que él también necesitaba dejarse cuidar.

La terapia, sus familiares y sus amigos fueron fundamentales durante ese proceso. Alfonso permaneció durante unos tres meses en el apartamento que había compartido con Rafa. Aunque fue una etapa especialmente difícil, explica que necesitaba enfrentarse a lo ocurrido y poder despedirse.

Con los años, consiguió transformar parte del dolor en memoria y mantuvo una estrecha relación con la familia de Rafa. La pérdida también le llevó a valorar de otra manera la vida, sus relaciones y la importancia de cuidar la salud emocional.

Cuando se le preguntó qué le diría hoy a su amigo, su respuesta fue sencilla: «le daría las gracias».

Hablar sin miedo y sin morbo

Uno de los principales mensajes del encuentro fue la necesidad de hablar sobre el suicidio de forma responsable, sin sensacionalismo ni simplificaciones. Tanto Fátima como Izuzquiza defendieron que el silencio y el estigma pueden aumentar el sufrimiento de las familias.

Para Alfonso, acompañar a una persona que atraviesa un duelo significa estar presente, escuchar sin presionar y respetar sus tiempos. No se trata de ignorar lo ocurrido, pero tampoco de convertir la pérdida en el único tema de conversación. Recordar a la persona fallecida desde el cariño y no desde el morbo puede ayudar a afrontar la ausencia.

Encontrar un “para qué”

Fátima Lorca destacó además el sentido de la vida como un importante factor protector frente a la conducta suicida. Encontrar un propósito, un “para qué”, puede ayudar a las personas a afrontar situaciones de sufrimiento y reconstruir su vida.

La psicóloga también subrayó que verbalizar pensamientos suicidas debe tomarse en serio. Hablar de ellos puede ser una forma de pedir ayuda y, cuando existe un plan establecido, requiere una respuesta profesional y de apoyo adecuada.

En el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, el testimonio de Alfonso pone el foco en una realidad que durante demasiado tiempo ha estado marcada por el silencio. Su historia muestra que el duelo no consiste necesariamente en olvidar, sino en aprender a convivir con la ausencia, conservar los recuerdos y seguir adelante.

Hablar, escuchar, pedir ayuda y dejarse cuidar también forman parte de la prevención.

Universidad Villanueva
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